El síndrome del impostor, ¿o la sociedad que lo fomenta?
Quien experimenta el síndrome del impostor se siente incapaz
de reconocer sus propios logros, percibiéndose como un fraude. Puede
experimentar temor por ser “descubierto” y perderlo todo.
Dicen que para que algo exista se tiene que medir. Para
saber si hay avances o retrocesos, subidas o bajadas tiene que hacerse una
medición, y aquí está el tema complicado con nosotros los humanos: ¿cómo
medirse?, ¿de dónde partir?
Cada individuo es inmensamente diferente (con sus propios
deseos, propósitos, personalidad, intereses, valores, cosas que lo hacen reír),
que depende de sí mismo para plantearse lo que realmente importa en su vida.
Medir es definir.
Si cada uno de nosotros no toma el tiempo y la calma para
responderse, de manera sincera, ¿qué es lo que queremos en nuestra vida?, no
tendremos claro el camino, mucho menos la capacidad de reconocer cuando ya
hayamos hecho un avance para lograr nuestros objetivos.
Hacer esa pausa es sumamente importante, pues ayudará a
conocernos y definirnos; a saciarse del propio camino; tener presente la propia
plenitud, la definición, ruta y objetivo de la felicidad personal.
Si cada uno conoce y honra su propio camino, ¿entonces por
qué sentirse un fraude?, ¿comparado con quién?, ¿cómo serías impostor de tu
propio cuento?, ¿quién va a descubrir tu escasez?
Si no defines tus propios términos y condiciones, la
sociedad se encargará de hacerlo, porque es más fácil comparar que definir. Es
mucho más simple e implica menos trabajo y tiempo, pero es dañino. Tenemos
conectividad y comunicación más que nunca en la historia de la humanidad, por
eso es común limitarnos a la fácil y llevadera tarea de compararnos en/con
otras personas en redes sociales.
Al ser tan accesible y entretenido, es el motivo de
procrastinación de moda: compararnos en redes sociales. Pasar minutos y horas
viendo “novedades” —así se les dice— para evitar un poquito la culpa. Pero la
realidad es que todo ese tiempo es dedicado a la comparación, a desear lo que
no se tiene o no se es. Y con esto sentirse fraudulento por no ser. Comparamos
nuestro único e irrepetible cuerpo con otros, y se corre el riesgo (sobre todo
si no hicimos nuestra propia medición personal de éxito y felicidad) de
experimentar la sensación de estar incompletos.
¿Por qué si la sociedad fomenta la comparación?, ¿por qué se
replica a diario?, ¿nos sorprende que haya miembros de la misma sociedad que se
sientan incompletos o insuficientes?
¿Por qué sentirse un fraude si no existe comparación ni
competencia alguna?, ¿por qué entonces comparamos todo el tiempo y medimos con
nuestro propio parámetro y expectativas a nuestras parejas, padres, hijos,
hijas y amistades?
Todos cumplimos con dos papeles: el del problema y el de la
solución. Sabernos suficientes, reales y completos es parte de nuestra salud
mental y es una responsabilidad personal atenderla. Aunque para vivir en
nuestra sociedad, al ritmo que vamos y esperando o exigiendo de los demás todo
el tiempo, es comprensible el sentimiento de ser impostores o insuficientes en
algún momento.
Es necesario que hagas una pausa y “midas” tu vida. Ir a
terapia es darte ese espacio para pausar, para cuestionarte, para reaprender y
desaprender, para trazar tu propio camino a sentir plenitud, satisfacción y
felicidad.


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